Ander no viene del camino fácil. Antes de la disciplina hubo calle, antes del respeto hubo errores, y antes de los logros hubo hostias de realidad. Hoy es un peleador profesional de artes marciales, con una ética férrea, una cabeza fría y un historial de sacrificio que no se improvisa. Cada victoria que ha conseguido no es casualidad: es el resultado de levantarse temprano, entrenar duro y callar cuando toca.
Pero que nadie se confunda.
La disciplina no mata el humor. Y el autocontrol no significa ir con bozal.
Aquí no hay postureo ni corrección política de manual. Hay experiencia, hay ironía y hay ganas de provocar una sonrisa —o una ceja levantada— mientras hablamos claro. Si te ofendes fácil, quizá este no sea tu sitio. Si sabes reírte incluso de lo incómodo, bienvenido al ring.